Una defensa de la familia en tiempos convulsos

¿Qué es una familia? Muchos ya no saben cómo responder a esta pregunta, o lo han olvidado. La normalización del divorcio, el feminismo, las relaciones extramatrimoniales o el adulterio ignoran la naturaleza real de la familia y su dimensión espiritual, según sus raíces históricas y antropológicas.

El autor de «LA FAMILIA ESPIRITUAL» nos acompaña a lo largo de esta profunda y desafiante obra para entender los fundamentos de la familia desde la antropología social y familiar, subrayando su sentido espiritual, con el objeto de recuperar los valores cristianos de la familia tal como Dios la instituyó en el Génesis.

Testimonios

"El hombre es tanto una persona física con un cuerpo, como también tiene una vida interior, o espiritual. El espíritu conecta con Dios y recibe vida de él, y formamos no solamente una comunidad pequeña como familia, sino también una conexión mayor en forma “espiritual”, donde la familia nuclear está integrada en lo que llamamos “la iglesia”.
Johan Carlsén
Pastor, misionero y profesor del seminario CSTAD
"Este libro nos lleva a través de la Biblia y de la Historia para iluminar aspectos muy relevantes de los lazos espirituales de la familia que han quedado oscurecidos por el pecado humano. En un tiempo de ataque brutal contra la familia en general y la cristiana en particular se agradece un abordaje valiente, basado en la eterna Palabra de Dios"
Rubén Jover
Profesor de Historia del Cristianismo y de Escuela Dominical para adultos

Acerca del autor

Me llamo José Antonio Juliá y nací en Alicante. Soy viudo y padre de tres hijos. 

Aunque nací en una familia evangélica, conocí al Señor realmente en el año 1981, contando con 26 años de edad.

Soy editor de libros cristianos y miembro del Consejo de la Iglesia a la que pertenezco. Principalmente he procurado servir a Dios trabajando por la unidad de los cristianos.

Autor del libro La familia espiritual. Un ensayo sobre antropología social, bíblica y espiritual

Se puede comprar online en Amazon, tanto en papel como en ebook.

Sobre el libro

La antropología bíblica no debe limitarse al estudio del hombre como individuo. Debe tener en cuenta que el hombre tiene una dimensión social y que está unido a otros seres humanos. Por lo tanto, la antropología teológica o bíblica debe incluir también un apartado de antropología social y estudiar la familia.

La concepción actual de la familia se nos antoja muy pobre y limitada. La llamada familia nuclear, reducida a los esposos y los hijos, nos parece muy débil y vulnerable. No sólo no se entronca ya con la familia extensa, y mucho menos con el clan, sino que ha perdido sus raíces o ignora que las tiene. Los ataques que actualmente está sufriendo la familia, y la facilidad con la que las familias son destruidas, se debe en parte a la ignorancia de las raíces, y especialmente de la comunión espiritual que existe en la familia.

Esta comunión espiritual entre los diferentes miembros de una familia, sean vivos o difuntos, nos hace ver que la familia es algo más que lo que podemos ver a simple vista. La familia tiene una dimensión espiritual, que es la comunión espiritual de la que hablamos, la cual unifica e integra a la familia.

La Familia Espiritual
Un ensayo sobre antropología social, bíblica y espiritual

Prólogo

1. Introducción

-Qué es una familia

2. Origen de la familia

3. Endogamia e incesto

4. La religión en el tiempo de los patriarcas

-Una religión familiar
-Culto a los antepasados
-El altar familiar
-Lindes, mojones y majanos
-La herencia

5. El matrimonio

-La ceremonia de bodas
-Matrimonio cum manu y sine manu
-El apellido de casada
-Endogamia espiritual
-Unión de familias

6. Adulterio

-El honor familiar

7. El divorcio

-«Salvo por causa de fornicación»
-Otro motivo de divorcio, el privilegio paulino
-Quédese sin casar

8. Viudedad

9 La filiación

-El padre
-El primogénito
-Emancipación y adopción
-De quien toma nombre toda familia
-La herencia
-La propiedad de la tierra

10. La familia como cuerpo místico

-Naturaleza de los lazos familiares
-Grande es este misterio
-La comunión de los santos

11. Espíritus colectivos: principados y potestades

-Principados y potestades
-Babilonia, Roma y la Gran Ramera.
-El origen de las naciones

12. La dimensión espiritual de la familia.

-Demonios familiares.
-Maldiciones generacionales y cadenas ancestrales.

13. Cómo honrar a los muertos sin caer en idolatría

-Las catacumbas y el bautismo por los muertos

14. Las familias cristianas

Epílogo

Pocos años después de mi conversión fui con mi padre a visitar una iglesia en la que habían puesto una exposición de libros de un ministerio itinerante. No había ninguna librería cristiana donde vivíamos. Algunos años después, mi padre abrió la primera librería evangélica en mi ciudad.

En aquella visita adquirí un libro. Yo le había pedido previamente al Señor que me ayudara a elegir el mejor libro para mí. Primeramente compré un llavero con una promesa de Dios: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hch. 16:31). Después encontré un libro que me pareció interesante: La familia cristiana, de Larry Christenson1 , un pastor carismático luterano. En la tapa había una frase entrecomillada de David Wilkerson: “Lo mejor que he leído sobre este asunto”. Me decidí a comprarlo y, cuando fui a pagar, después de haber pagado el llavero, llevaba encima la cantidad exacta para el libro. En esto conocí que el Señor me había ayudado a elegir y había contestado mi oración.

Por aquel entonces yo estaba muy cargado por la salvación de mis hijos que eran pequeños. Aquel libro me enseñó que el padre es el sacerdote del hogar; creo que a partir de entonces empecé a hacer cultos familiares con mi mujer y mis hijos. Hoy todos mis hijos están convertidos.

Después de los años transcurridos desde que compré aquel libro (treinta y cinco a la hora de escribir este), cuando veo el camino recorrido, pienso que tal vez el Señor me estaba indicando el ministerio que quería para mi. Me he pasado los años pensando en cual era mi llamado, si tenía que ser pastor u alguno de los otros ministerios convencionales, pero no me veía con los dones adecuados para ninguno de ellos. Ahora, al escribir este libro, donde vuelco todo lo que Dios me ha ido enseñando sobre la familia, no puedo dejar de pensar que este era el propósito de Dios para mi vida. También he tenido desde el principio carga por la unidad de la Iglesia, espero que Dios me use también es eso con este libro.

Desde mi conversión, y probablemente desde antes de ella, Dios me ha ido enseñando muchas cosas sobre la familia. Eso es lo que me ha motivado a escribir este libro, para plasmar en él toda la comprensión que el Señor me ha dado de lo que es una familia. Creo que, si no lo hiciera, estaría escondiendo el talento. Aun arriesgándome a que no todo lo que escriba en estas páginas esté plenamente comprobado, no pasando algunas cosas de ser meras hipótesis a la espera de que el testimonio de Dios me las confirme o me haga desecharlas para siempre, no puedo dejar de escribirlo todo. Si espero a tenerlo todo bien fundamentado y asegurado, tal vez se me pase el tiempo sin haber negociado el talento. No obstante, cuando mencione alguno de estos puntos, que yo entiendo que no están plenamente confirmados, incluso habiendo versículos que me permitan apoyarlos, lo declararé abiertamente al lector, a fin de que él mismo busque a Dios para que le de testimonio, bien a favor, bien en contra. Como dice Isaías: “¡A la ley [la Palabra de Dios] y al testimonio [la confirmación con hechos dada por el Espíritu Santo]! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8:20).

La lectura de este libro aportará al lector una nueva visión o comprensión de lo que es una familia. La familia no es una creación del hombre ni un producto de la cultura, es un diseño de Dios y resulta muy insensato pretender hacer ingeniería social con ella.

Algunas de las cosas que encontrará aquí el lector podrán afectarle personalmente, ya que son temas, a veces harto sensibles, que nos afectan a todos, porque todos tenemos familia. Yo no me excluyo, tengo que admitir que no he hecho siempre bien las cosas en relación a mi familia. Tengo que reconocerme pecador, aunque sé que Dios me ha perdonado por Jesucristo. Pero creo que en los tiempos actuales debe ser muy dificil encontrar una familia verdaderamente sana.

Para poder trasmitir al lector la visión plena sobre la familia que quiero compartir, es necesario que este lea cada capítulo de este libro sin dejarse ninguno, y que los lea en el orden establecido. Creo que, de ese modo, al final podrá entender cual es la concepción de la familia tal como yo la he entendido leyendo las Escrituras y por la comprensión que Dios me ha dado a través de las experiencias de la vida.

Hay temas que se esbozan en un capítulo y luego se amplían en otro; pero, el lector que está acostumbrado a la lectura de la Biblia, sabrá usar el buscador a modo de concordancia si lo necesita para seguir un tema a lo largo de todo el libro; claro está si dispone de él en formato electrónico.

Creo que, dada la situación actual de la familia, los peligros que corre, y la perdida de identidad que está sufriendo, es necesario un libro como este, para poder recuperar el sentido de lo que es una familia. Para que la valoremos y que, de ese modo, las familias cristianas especialmente sean fortalecidas y puedan resistir todas las amenazas y los ataques que el enemigo está lanzando contra las familias.

Antes de referirme al contenido quiero decir algo acerca del título del libro. En un principio quería titularlo “La dimensión espiritual de la familia”, pero, mientras lo estaba redactando, me encontré con la necesidad de usar ese título para uno de los capítulos. Entonces, para no repetir, decidí llamar al libro La familia espiritual. Luego pensé que podría parecer un tanto pretencioso ya que alguien lo podría relacionar con el título de Watchman Nee El hombre espiritual. También me dijeron que otros pueden pensar que hace alusión a la Iglesia, puesto que esta se puede considerar nuestra familia espiritual. Pese a todo decidí mantener ese título; pues, aunque no pretendo estar a la altura de Watchman Nee, ni mucho menos, el libro puede ser una continuación o un complemento del estudio antropológico de Nee. Y, aunque no es un libro que trate específicamente de la Iglesia, en parte sí se refiere a ella y espero que pueda ser de bendición, especialmente para la unidad de la misma.

El libro comienza con una introducción, fijando el tema del que va a tratarse, que no es otro que la familia; encuadrando su estudio dentro de la antropología bíblica. Creemos que ésta no debe limitarse al estudio del hombre como individuo; sino que, como el hombre tiene una dimensión social y está unido a otros seres humanos, la antropología teológica o bíblica debe tener esto en cuenta y, por tanto, debe abarcar también la antropología social y estudiar la familia.

Los tres primeros capítulos tratan de tres autores distintos que, a mi entender, debemos tomar en consideración. Primeramente, con Federico Engels nos plantearemos el origen de la familia, y veremos la gran distancia existente entre la antropología dominante hoy: la llamada antropología evolucionista, que influye especialmente en el feminismo marxista; y la revelación bíblica sobre el origen de la familia. En segundo lugar Sigmund Freud; por medio del cual veremos otra concepción completamente distinta de lo que fue la familia primitiva, mucho más coherente con la realidad del ser humano. Sin pretender que la hipótesis de Freud sea correcta, pues está también muy alejada de la Biblia, nos parece mucho más verosímil que la hipótesis sobre los orígenes de la familia de Federico Engels. La hipótesis de Engels sobre el principio de la historia nos parece tan fantástica y alejada de la realidad, como el final utópico de la misma que propone el marxismo.

En tercer lugar hablaremos de Fustel de Coulanges, un historiador francés que propone una concepción de la familia, basándose principalmente en el estudio de la familia romana antigua, anterior al Imperio, que nos ha parecido mucho más ajustada a la realidad; especialmente a la realidad espiritual de la misma. Salvando las distancias entre la familia romana y la familia cristiana, tengo que decir que cuando leí La ciudad antigua, la obra de Fustel de Coulanges, para mi fue como una confirmación. En lo fundamental no he aprendido nada de Fustel de Coulanges, el Señor me lo había enseñado antes en la Escritura. Digo esto para que nadie piense que yo quiero aplicar al cristianismo ideas propias de la cultura romana. Al contrario, lo que entendí es que la cultura romana antigua, la de los orígenes, era muy parecida a la de muchos pueblos del mundo, incluso muy parecida a la cultura de la época de los patriarcas. En la más remota antigüedad los hombres tenían una concepción de la familia mucho más ajustada a la realidad que la que tenemos hoy en día, aunque no conocieran a Dios.

El libro continúa con unos capítulos dedicados al matrimonio y la filiación, que son los dos tipos de lazos existentes entre los miembros de una familia. También se trata de la forma en como esos lazos se rompen: el divorcio la viudedad, la emancipación.

Y finalmente hay cinco capítulos dedicados a la dimensión espiritual de la familia, tal vez los capítulos más importantes del libro, dedicándose el último específicamente a la familia cristiana.

Invito al lector a recorrer junto conmigo todos estos temas. Estoy convencido que su concepción de lo que es una familia cambiará y empezará a valorarla mucho más. Comprenderá la dimensión espiritual de la familia, la cual le arraigará y le dará identidad para resistir todos los ataques que hoy están viniendo contra las familias.

Introducción

Tradicionalmente una de las partes de la teología ha sido la antropología, aunque no son muchos los estudios ni los libros evangélicos que traten de este tema. El hombre es el principal objeto de la salvación; todo el plan de Dios está enfocado a la salvación del hombre, criatura de Dios que desde casi sus mismos orígenes está condenado a causa de la Caída. En consecuencia la teología debe estudiar también al hombre.

Hay formas distintas de concebir al ser humano en la antropología bíblica. Unos consideran que el hombre es tripartito, formado por espíritu, alma y cuerpo; donde el alma sería un elemento intermedio que serviría de vínculo entre el espíritu y el cuerpo, y que de algún modo participaría de ambas naturalezas. El espíritu permitiría al alma relacionarse con Dios y con el mundo espiritual, y el cuerpo le permitiría relacionarse con el mundo material a través de los sentidos. Hay varios textos bíblicos que vienen a apoyar esta tesis, pero el principal lo encontramos en Tesalonicenses:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23).

Aquí se dice claramente que el hombre completo, todo su ser, está formado por espíritu, alma y cuerpo. No por alma y cuerpo solamente, sino por espíritu, alma y cuerpo.

Watchman Nee en su libro El hombre espiritual expone muy ampliamente la constitución tripartita del hombre. Nee entiende que el espíritu del hombre caído está muerto, lo que no significa que no exista, sino que no está activo; ese espíritu solo revive por medio del nuevo nacimiento. La muerte espiritual de los inconversos la encontramos reflejada en las Escrituras, por ejemplo en Efesios: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef. 2:1).

La mayoría de los católicos consideran que el hombre es un ser dual, constituido por una parte material, el cuerpo, y otra espiritual, el alma. Pero, normalmente los dualistas consideran que el espíritu es la parte más elevada del alma. Sin embargo, según Watchman Nee, la Palabra de Dios, que es la espada del Espíritu, “penetra hasta partir el alma y el espíritu” y “discierne [separa] los pensamientos y las intenciones del corazón” (cf. He. 4:12). De esta cita, que por otra parte apoya que el alma y el espíritu son cosas distintas, Watchman Nee concluye que el espíritu se confunde con el alma (la psique) al principio de la vida cristiana, pero que la obra del Espíritu Santo tiene que separarlos y diferenciarlos.

Se puede decir, en cierto sentido, que San Juan de la Cruz coincide con Watchman Nee, pues dice que las potencias del alma tendrían que perfeccionarse, o espiritualizarse, por medio de la fe, la esperanza y el amor; correspondiendo cada una de ellas a una mente espiritual: la fe, una memoria espiritual: la esperanza, y una voluntad espiritual: el amor.

También Watchman Nee menciona tres funciones en el alma que serían: entendimiento4 , sentimientos y voluntad, y tres funciones en el espíritu: la intuición, la comunión , y la conciencia. Estas tres funciones, a mi entender, se pueden asimilar a una mente espiritual: la intuición; una emotividad espiritual: la comunión; y una voluntad espiritual: la conciencia.

Para completar un estudio de la antropología bíblica, tendríamos que considerar la dualidad paulina de espíritu y carne, y la relación que tiene la carne con el cuerpo y con el alma. El alma participa tanto del espíritu como del cuerpo, por tanto en parte es carnal. Para entenderlo basta pensar en los apetitos de la carne que, aunque puedan estar relacionados con algún órgano del cuerpo, son fundamentalmente psíquicos.

Por último, tendríamos que considerar los conceptos de hombre viejo y hombre nuevo (u hombre natural y hombre espiritual, que viene a ser lo mismo), y tendríamos que hablar de la regeneración o nuevo nacimiento. El hombre no nacido de nuevo es el hombre natural (hombre viejo) y participa de la naturaleza adámica. El hombre nacido de nuevo es el hombre espiritual (hombre nuevo) y participa del postrer Adán que es Cristo. Sin embargo, la transformación del hombre viejo en hombre nuevo no es instantánea. La regeneración (el nuevo nacimiento) afecta primeramente al espíritu del hombre, y posteriormente se va extendiendo; primeramente al alma, en lo que llamamos el proceso de santificación (o crecimiento espiritual), y finalmente alcanzará al cuerpo con la resurrección. Por este motivo Pablo habla en Corinto de cristianos carnales (niños en Cristo), que serían aquellos en los que el hombre viejo tiene tanta relevancia que, por su comportamiento, casi no se distinguen de los inconversos; aunque han sido regenerados en su espíritu, y por tanto han nacido de nuevo.

Además, el hombre nacido de nuevo es templo del Espíritu Santo y, en él, moran tanto su propio espíritu, como el Espíritu de Dios. En muchas personas, a veces, se produce cierta confusión y no distinguen un espíritu del otro, pero textos como Romanos 8:16 lo dejan bien claro:

“El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”.

Otro texto bastante claro es el siguiente:

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Co. 2:11).

Algunos confunden también el espíritu humano con el entendimiento, pero el entendimiento pertenece al alma. El siguiente texto de Corintios nos ayudará a ver la diferencia:

“Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (1 Co. 14:14-15).

Aquí podemos ver claramente, no solo que el espíritu humano y el entendimiento son cosas distintas, sino que el espíritu está en el inconsciente; es decir la consciencia, que como dice Watchman Nee pertenece al alma (véase nota 6), no sabe lo que piensa el espíritu. Excepcionalmente, por medio de la intuición que menciona Watchman Nee, o por medio de los dones del Espíritu Santo, el hombre es consciente de alguna comunicación procedente de su propio espíritu. Incluso las comunicaciones del Espíritu Santo normalmente las recibe el espíritu del hombre, y de este pueden pasar a la mente consciente por alguno de los medios mencionados.

Hemos tratado de una manera muy concisa lo que sería el estudio de la antropología bíblica. No obstante, confiamos que este resumen nos permitirá tener claros algunos conceptos sobre la constitución del ser humano, que nos serán de utilidad en los sucesivos capítulos, en los que en algún momento nos veremos necesitados de acudir a ellos. Nuestro propósito, sin embargo. ha sido únicamente poder encuadrar el verdadero objeto de este libro que es el estudio de la familia.

Efectivamente, aún hay un aspecto del hombre que no hemos considerado, que es precisamente el que vamos a tratar en este libro. Un estudio del hombre queda incompleto si no se tiene en cuenta que el ser humano no es un individuo aislado; en consecuencia, no lo podemos considerar al margen de sus semejantes. El hombre, como ser social, está unido a otros seres humanos por diferentes vínculos, y especialmente hemos de considerar los lazos de parentesco. Por tanto, la antropología bíblica debe de ocuparse también del estudio de la familia.

En este tiempo, cuando la familia está siendo tan atacada, se hace necesario tener una comprensión profunda de la familia a la luz de la Palabra de Dios. Esto es lo que con la ayuda de Dios pretendemos hacer en este libro. Se han escrito muchos libros sobre la familia, el matrimonio, las relaciones con los hijos, pero todos ellos se enfocan en aspectos psicológicos, o de consejería pastoral y sanidad interior. Todo esto nos parece muy importante y necesario, pero no es el propósito de este libro, que quiere enfocar el estudio de la familia desde el punto de vista de la antropología bíblica y espiritual.

¿Por qué bíblica? Porque consideramos que Dios nos ha dejado en la Biblia suficiente enseñanza para que podamos entender lo que es la familia a la luz de la Escritura, sin tener que conformarnos a las distintas teorías que hay en el mundo.

¿Por qué espiritual? Porque entendemos que la familia tiene una dimensión espiritual, y no debemos limitarnos, al aproximarnos a ella para estudiarla, únicamente a lo que es visible.

¿Qué es una familia?

Hoy se habla de múltiples modelos de familia, pero el concepto dominante es la llamada familia nuclear, formada por el padre, la madre y los hijos. Podemos definir a nuestro antojo distintos tipos de familia; pero, si la familia es una realidad humana creada por Dios y no un producto de la cultura o una creación del hombre, debemos preguntarnos qué es realmente una familia.

En este capítulo introductorio vamos a tomar como punto de partida la comprensión de la familia que se tiene habitualmente tanto en el mundo secular como en la iglesia, pero confiamos en que, después del estudio que vamos a llevar a cabo, el lector acabe entendiendo claramente qué es la familia según Dios.

Definición de familia

La familia es un grupo de personas formado por individuos unidos por relaciones de parentesco. El diccionario de la RAE la define como un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas.

Los lazos principales que unen a una familia son de dos tipos: vínculos de afinidad, derivados del establecimiento de un enlace reconocido socialmente, como el matrimonio; y vínculos de consanguinidad, como la filiación entre padres e hijos o los lazos que se establecen entre los hermanos. No obstante, habría que considerar también la adopción, que crea un vinculo equivalente a la filiación aunque no implique consanguinidad.

Suelen diferenciarse las familias según el grado de parentesco entre sus miembros: así se habla de familia nuclear, en la que únicamente se tiene en cuenta el parentesco en primer grado; y familia extensa, en la que se pueden añadir otros grados de parentesco.

La familia es considerada generalmente como la célula básica de la sociedad, de modo que sin ella esta no existiría; aunque parece que hoy algunos, especialmente los que quieren destruirla, lo pongan en duda.

El clan

Un concepto antropológico más complejo que el de familia es el de clan. El clan estaría formado por un conjunto de familias que tienen un ancestro común. El clan, término que proviene de la cultura celta de Irlanda y Escocia, es un ente social equivalente al que en Roma se conocía como gens; y también en otras muchas culturas encontraríamos su equivalente. Si en este libro utilizamos con frecuencia el término gens para referirnos al clan, es porque los antropólogos lo han adoptado como término técnico con independencia de la cultura de que se trate.

En la Biblia, vemos que las familias del tiempo de los patriarcas responden a este concepto. En general, en el Antiguo Testamento, cuando se habla de las “familias de Israel” o de las “casas paternas”, se está haciendo referencia al clan; mientras que, cuando la Biblia se refiere a la familia nuclear o extensa, se la llama normalmente casa o familia. Por ejemplo, Pablo le dice al carcelero de Filipos: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hch. 16:31). Jesús era de la casa y familia de David (Lc. 2:4).

La tribu

Un grado de complejidad mayor que el del clan correspondería a la tribu. La tribu podría definirse como un conjunto de clanes que se han unido entre sí, sin que tengan un parentesco real entre ellos; pero han aceptado a un antepasado mítico común (normalmente un héroe), aunque también

pueden compartir un dios o una religión. Si pensamos en las tribus de Israel, al ancestro común no lo podemos considerar mítico; pero podemos decir que cada tribu estaba integrada por muchas familias que se habían diversificado ampliamente procedentes de un tronco común.

La nación

La nación sería el paso siguiente; sería pues la unión de varias tribus que se asocian compartiendo una cultura y unas instituciones políticas. Pero, como veremos más adelante, la unidad de la nación tendría un fundamento espiritual y no partiría de un mero pacto social como pretendían los filósofos de la ilustración.

Si pensamos en la nación de Israel encontramos un tronco común, Abraham; de modo que no podemos decir que el vínculo que unía a la nación fuera un pacto social, puesto que existía un parentesco entre los individuos que la componían.

Si pensamos en otros pueblos, o bien se desconoce el fundador del linaje o bien se dice que era un personaje mitológico, porque no tenemos constancia de su realidad histórica. Por eso, en antropología social, tanto a la tribu como a la nación se le atribuyen otros vínculos distintos al parentesco.

Normalmente, se piensa que tanto las tribus como las naciones surgen de la unión artificial de clanes o tribus, respectivamente; sea por pacto social o fruto de la dominación de los unos sobre los otros. Pero, bíblicamente, tanto las naciones como las tribus se producen por la ramificación y diversificación de las familias. Incluso, según la Biblia, toda la humanidad proviene íntegramente de la primera familia, la de Adán y Eva.

La Biblia habla también de pueblos y lenguas; pero, en nuestra opinión, pueblo y nación son sinónimos; y lenguas también hace referencia al mismo concepto, ya que se entiende que cada pueblo tiene su lengua y cada lengua corresponde a un pueblo. Veremos esto con más detalle cuando hablemos de la dispersión de los pueblos en Babel.

Cabe pensar que todos estos conceptos se resumen en uno: el de familia, más o menos extensa, más o menos ramificada. Dios le dijo a Abraham: “Serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:3), y también: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gn. 22:18); indistintamente se usa una palabra o la otra en estos pasajes paralelos.

Todos estos conceptos son muy discutidos, y hay muchas diferencias entre las definiciones que dan los diversos autores; pero, para los propósitos de este libro vamos a ajustarnos a las que hemos dado.

La literatura evangélica de finales del siglo XX volcó no pocos esfuerzos en la producción de obras centradas en la denominada “guerra espiritual” y en la lucha contra las fuerzas demoníacas que oprimen al creyente. Aunque estos libros ya tenían numerosos antecedentes a lo largo del siglo, el pueblo hispanohablante disponía ahora de una cantidad de títulos que no entendían de barreras denominacionales.

En mi experiencia como librero, ya entrado este siglo XXI, si tuviera que elegir una temática que copara una gran cantidad de demanda este sería la consejería cristiana práctica. El divorcio, los malos tratos, la crianza de los hijos, los matrimonios con no creyentes, las dificultades en la adolescencia o las adicciones han llegado a nuestras iglesias, a menudo, para quedarse. Aunque hay excelentes libros tanto para pastores y consejeros como para el cristiano en general, muy pocos abordan las raíces espirituales de la familia desde la antropología bíblica.

El libro La familia espiritual de José Antonio Juliá nos lleva a través de la Biblia y de la Historia para iluminar aspectos muy relevantes de los lazos espirituales de la familia que han quedado oscurecidos por el pecado humano. En un tiempo de ataque brutal contra la familia en general y la cristiana en particular se agradece un abordaje valiente, basado en la eterna Palabra de Dios y que no se somete a la corrección política ni a la agenda del sistema de cosas en el que vivimos. Al mismo tiempo el libro analiza algunas de las concepciones más relevantes de la antropología y la sociología modernas dando un soporte sólido a cada argumentación.

Sin ser un libro de “consejería práctica” provee sin embargo de herramientas espirituales clave. No es un libro “para sanar tu familia en cinco pasos”. Pero sí un estudio que nos alienta a renovar nuestras fuerzas y recobrar la esperanza en Cristo, nuestro sanador.

(Rubén Jover, historiador y profesor de Escuela Bíblica para adultos)

 

Primero dar la enhorabuena a José Antonio por un libro muy completo sobre el tema de la familia y la familia espiritual. El hombre es tanto una persona física con un cuerpo, como también tiene una vida interior, o espiritual. El espíritu conecta con Dios y recibe vida de él, y formamos no solamente una comunidad pequeña como familia, sino también una conexión mayor en forma “espiritual”, donde la familia nuclear está integrada en lo que llamamos “la iglesia”.

Entre los hombres, Dios ha instituido dos cosas: la familia y la iglesia. Por eso el enemigo lo ataca, y José Antonio lo menciona en su trabajo “La familia espiritual”. Habla de la familia y los problemas que existen para la familia humana; sobre el matrimonio, las bodas y apellido de casada. Menciona el divorcio y la viudedad, cosas que muchas personas sufren durante su vida. Pero también menciona que existen dimensiones espirituales sobre la familia, como “maldiciones” e influencias demoniacas. Sobre la primera parte hay mucho escrito entre los psicólogos, pero en la segunda parte espiritual, no hay tanto escrito. Es esto que hace este libro “especial”.

Hay un capitulo que pregunta ¿Cómo honrar a los muertos sin caer en idolatría? José Antonio dice en esta parte: “Para algunos honrar a los muertos se centra en diversas prácticas o costumbres relativas a sus sepulturas, desde el entierro hasta las visitas periódicas a la tumba para llevar flores y ocuparse de su conservación. En mi opinión las ofrendas florales son reminiscencias del antiguo culto a los muertos; no obstante, el que lo hace actualmente puede estar haciéndolo con un sentido completamente distinto”. Y después sigue explicando un ejemplo de Miguel de Cervantes: “Creo que la actitud que tenía el joven estudiante que iba a Salamanca, que luego se convertiría en el licenciado Vidriera, en cuanto a la forma de honrar a su patria y a sus padres es un buen ejemplo de lo que queremos decir. De nada sirve visitar las tumbas y poner flores a los difuntos si vivimos de un modo que los avergonzaría.”

Aprendemos a vivir bien en este mundo con las lecciones de este libro, y también tomar en consideración a nuestro Dios y su Palabra. En “su Palabra” Dios nos da el mapa, y las instrucciones para vivir bien, y llegar a la meta con nuestro Dios. Por eso “la familia cristiana”, que cuenta con el consejo de Dios, tiene muchas mas oportunidades de funcionar bien y llegar bien a la meta final.

Podemos contar con Dios que está edificando nuestra familia en forma invisible y espiritual. Su “bendición” es lo que añade, lo que nosotros necesitamos como hombres.

(Johan Carlsén, pastor, misionero y profesor del seminario CSTAD de las Asambleas de Dios).

El libro «LA FAMILIA ESPIRITUAL» ha sido publicado por la editorial cristiana evangélica Logos Ediciones. 

Puedes contactar con el autor escribiendo un correo a la web de la editorial Logos Ediciones www.logosediciones.com

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Si quieres conocer las raíces y orígenes de la institución de la familia, así como sus implicaciones antropológicas y sociales, este es el libro que necesitas leer.

Una propuesta para volver a los fundamentos de la familia cristiana y alejarse de los postulados que ponen en riesgo la unidad familiar tal como Dios la estableció.

(Disponible en libro físico y ebook)

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